“Argentini? Ah, ahora entiendo porque estan así vestidos...” Fueron las palabras que me dirigió un fraile cisterciense al final de la misa de Pentecostés en la abadía de San Anselmo; pegado al famoso Anselmianum, centro de estudios litúrgicos de Roma. No sé si hablaba así de mi vestimenta porque estaba con la camisa afuera del pantalón al estilo indio, o porque no estaba usando religiosamente sotana negra con cuello romano...
Pero la conversación siguió: “Ustdes son argentinos, pero seguramente también son italianos” Cuando le dije fehacientemente que mi abuelo era italiano –y del norte- replicó: “Y claro si en Argentina son todos italianos...”
Otro hecho distinto pero parecido fue cuando meses antes en India tuve que explicarle a la gente que Argentina era un país de América Latina, de Sudamérica y que yo no era europeo. Pero no lo pude lograr. Siempre caíamos en “ustedes los europeos”; “ustedes, los de mentalidad europea”.
Los dos hechos se los dejo para la anécdota. Pero lo que en un primer momento me dio rabia y bronca luego me hizo pensar. Y pensar en clave teologal.
No les voy a hablar de Argentina como el país menos latinoamericano de América Latina, ni de eso que se dice tan corrientemente al pasar: que estamos mirando siempre hacia EE. UU. y Europa. Eso se los dejo a los que se han puesto a sí mismos el nombre de intelectuales. Si queremos hacer teología en serio tenemos que llegar a la gente, al barrio, a los pibes que paran en la esquina; no a los intelectuales...
A lo largo de mi carrera de teología en
Sin embargo creo que se hace muy necesario poder pensar -y sobre todo vivir- la teología en un ámbito más local y en definitiva más nuestro. En este sentido no podemos confundir de ninguna manera el cristianismo como religión y como manera de vivir, con la tradición y transmición europeizante que se ha hecho de él. Este es un punto fundamen,tal que tenemos que tratar de entender y poder profundizar cada vez más. Es decir, tenemos que sacarle a nuestro cristianismo cotidiano el envase europeo en que lo hemos recibido. Para ser más nosotros. Esto no puede estar motivado de ninguna manera por una actitud de desprecio por toda esta tradiución eclesial que tiene siglos y que incluso es anterior a nuestra historia de cristianismo en Argentina y América Latina. Nuestro esfuerzo tiene que estar puesto más bien en poder pensar y vivir la fe pero con categorías nuestras, propias, de la gente. Estas categorías más del Viejo Continente han funcionado para transmitir, pensar y vivir la fe cristiana durante siglos. Pero es en este mismo sentido que estas categorías funcionan sólo para este viejo continente europeo. Sería interesante poder saber si todavía le dicen algo a nuestra gente. Tenemos que desarmar la estructura de pensamiento más bien europeizante -y en este sentido más bien tomista- para poder inculturar el Evangelio de Jesús en nuestra cultura de todos los días. Para ser originales; no hace falta innovar por innovar; hace falta volver al origen. El evangelio sin glosa ni comentario. Puede entonces ser nuestra tarea de catequistas, pastores y teólogos volver a darle a ciertas expresiones el valor y el vigor que han perdido. Como por ejemplo “Pueblo de Dios”; “Maria, Madre del Pueblo”; “Iglesia de los pobres”; “Jesús de la historia”; “Dios que es Familia”; “bajar de la cruz a nuestros pueblos crucificados”; seguir vivendo
Existe en cierta manera una tentación: pensar que uno hace teología desde acá sólo por traducir en categorías un poco más latinoamericanas las eternas categorías europeas. Hablando con mi hermano, luego de su intensa experiencia en Tailandia, me decía: “la tentación puede ser en este país -y en general en todo el sudeste asiático-, hacer una teología al estilo “banana”; es decir, teología amarilla por fuera; pero blanca por dentro...” Puede que a nosotros nos pase lo mismo y que esa sea nuestra tentación: pensar que hacemos teología sólo por “traducir” los mejor posible a nuestro lenguaje, categorías que funcionan bien en otro. Se trata de otra cosa y de otro desafío: poder hacer teología propia, de acá, desde nuestra gente y para nuestra gente, en categorías, lenguaje y prédica que la gente pueda entender y que ciertamente distan mucho de ser las categorías clásicas del medioevo cristiano que todavía pretenden hacer funcionar el sistema de creencia del continente europeo. En este sentido es mejor que atendamos a nuestros propios problemas y dejemos que nuestro hermanos europeos se hagan cargo de los suyos. Ellos siguen escribiendo manuales de teología; pero los jóvenes desaparecieron de las parroquias y no saben qué hacer con una realidad como la inmigración. Escuché un sacerdote italiano decir: “los chinos son un problema... bueno, son un problema en el ámbito pastoral...” Quise corregirlo al instante: “ más que problema serán desafío...”
La tarea es grande y apremia. Pero a la vez es fascinante. Es tiempo de seguir caminando por esta huella de querer traer el evengelio y toda la riquísima tradición teológica y espririutal un poco más acá, para hacerla crecana a nuestros varones y mujeres. Hacer a Jesús accesible a nuestra gente con categorías propias de nuestros pueblos y culturas, no sólo para que se entienda mejor, sino para que de una buena vez tomemos conciencia que Jesús es uno de nosotros...
Hno Sebatián. scj


